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El laurel y sus efectos medicinales

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El laurel es una hierba que se utiliza como condimento aromatizante de muchas comidas, y también por sus interesantes propiedades saludables.

En su composición, se distinguen diversos ácidos orgánicos, ácidos grasos insaturados, sustancias de acción antioxidante y bactericida y minerales tales como manganeso, calcio, potasio y magnesio.

Es un excelente aperitivo y digestivo. Su uso está indicado en la elaboración de recetas para personas inapetentes, ya que abre el apetito. En estos casos, se recomienda tomar una infusión de laurel un rato antes de las comidas. De igual forma, si se toma después calma las digestiones, combate los gases y protege el hígado.

Para preparar la infusión, se añaden unos 20 gramos de hojas de laurel (mejor las hojas más maduras) en un litro de agua. Se hierve de tres a cinco minutos, se retira del fuego y se deja templar y reposar con las hojas. La infusión se puede tomar varias veces al día.

El laurel también tiene efectos terapéuticos en el aparato respiratorio. Favorece la expulsión de las mucosidades de las vías respiratorias y contiene sustancias de acción bactericida, por lo que resulta muy adecuado en caso de afecciones como bronquitis y faringitis.

Otra virtud de esta planta medicinal es que posee cualidades suficientes como para combatir la seborrea, la caspa, la caída del cabello y, por si fuera poco, potencia su fortalecimiento y el del cuero cabelludo.

Las propiedades del laurel son muy apreciadas por personas de edad avanzada que lo usan para calmar dolores en las articulaciones por la artritis, el reuma y dolores musculares propios de la edad.

Agregado al baño, elimina el insomnio, reduce el sudor y el olor de los pies.

Del fruto del laurel se extrae un aceite que es muy bueno para aplicaciones externas para solucionar abscesos, contusiones, afecciones de la piel producida por hongos y para estabilizar y suavizar la menstruación.

 

Un comentario

  1. Gustavo

    noviembre 25, 2015 en 6:44 am

    ¡Que maravilla la naturaleza que nos la ha dedo Dios!…, y nosotros la despreciamos muchas veces: destruimos bosques y eliminamos muchas especies que guardan esos secretos que no supimos hacerlos parte de nuestro espíritu, nuestro fuego y nuestra carne. Nos estamos desnaturalizando por querer tener un poder, que no sabremos poco a poco, como controlar…

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