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El Abeto como expectorante y para calmar la piel irritada

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El abeto es un árbol de gran porte que puede llegar a alcanzar los 60 metros de altura; de tronco recto y corteza relativamente lisa, grisácea, con la copa piramidal, se mantiene verde todo el año. Las ramas las tiene ordenadas por pisos, ex­tendidas. El abeto tiene flores machos y hembras, pero sobre el mismo pie.
Forma piñas rollizas, de no más de 5 cm. de anchura, prolongadas y erguidas sobre las ramas, con las escamas que recubren las se­millas. Estas piñas no se desprenden del árbol, como hacen las de los pinos, sino que se descom­ponen en las ramas después de madurar y van soltando piñones y escamas, dejando así pelado el eje de la piña. Se cría formando abetales en la mayor parte del Pirineo, sobre todo en sus vertientes más septentrionales. Florece en primavera y las piñas maduran du­rante el otoño siguiente. Tiene propiedades balsámicas, expectorantes y antisépticas de las vías respiratorias y urina­rias. En uso externo es rubefaciente, es decir, que aplicado sobre la piel la enrojece e inflama, aprovechándose esta virtud para aplicar sobre ella otros medicamentos que penetren mejor en la piel. Hay que recordar que, al tratarse de una esencia, se deben guardar las debidas pre­cauciones por la posible aparición de irritacio­nes y alergias.

Modos de uso:

– Infusión. A partir de las yemas o de las ho­jas.

– Tintura. De 10 a 20 gotas de la tintura, tres veces al día.

– Extractos. Se pueden encontrar tanto el ex­tracto seco como el fluido, y ambos tienen idéntico uso. Además se puede usar de forma externa en baños, inhalaciones, linimentos, ungüentos o emplastos. Balsámico. Antiséptico. Rubefaciente.

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