Propiedades curativas del poleo

    


El poleo, también conocido como poleo-menta, se extiende por zonas húmedas a lo largo de todo el Mediterráneo y por Asia Occidental. Sus flores pueden ser rosas, violetas y blancas.

Esta planta es conocida principalmente por sus propiedades beneficiosas para el aparato digestivo: aumenta la secreción de jugos gástricos, ayuda a expulsar los gases intestinales y tiene propiedades antiespasmódicas que ayudan a calmar el estómago. En este caso se recomienda tomarlo con unas gotas de zumo de limón en la comida.

El poleo es expectorante y antigripal. La infusión de las hojas de poleo se toma en agua de panela o leche caliente para las gripas y problemas bronquiales, ya que ayuda a disolver las mucosidades de los bronquios y facilita su expulsión, por lo que es aconsejable su uso en el caso de bronquitis. De igual forma, sirve para inducir la sudoración, por lo que es bastante beneficioso, puesto que ayuda a bajar la fiebre que suele venir asociada a estos procesos.

 

Asimismo, también se usa para controlar los espasmos musculares y, al mismo tiempo, sirve para combatir el dolor por su contenido de salicílico, principio básico de la aspirina. Algunas personas lo utilizan como estimulante para contrarrestar la debilidad y como afrodisíaco para aumentar el deseo y la potencia sexual.

 

El poleo tiene propiedades astringentes y antibacterianas, por lo que aplicado sobre la piel se convierte en un remedio adecuado para las siguientes afecciones: picaduras de insectos, picores, heridas, infecciones vaginales o de la vulva, eccemas y hemorroides.

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