La alcachofa

0
47

La alcachofa es una hortaliza que se conoce desde la antigüedad. Griegos, romanos y cartagineses la consumían desde el siglo IV a. C. y la conservaban en miel o vinagre, sazonada con comino y otras especies aromáticas para consumirlas durante todo el año. En España, la introdujeron los árabes, su nombre parece provenir del árabe “al-jarshuf”.

La alcachofa es una de las hortalizas más apreciadas por los gastrónomos y, además, una de las más saludables. Rica en vitaminas y minerales, apenas contiene grasa y goza de una reputada fama por sus propiedades depurativas. La alcachofa es la parte floral no madura de la alcachofera (Cynara scolymus), una planta propia de climas templados. Las partes comestibles son, en realidad, el corazón de la alcachofa y las hojas carnosas y protectoras que la rodean.

En España domina ampliamente la variedad Blanca de Tudela, que se caracteriza por su fruto carnoso, redondo y, en cuya parte superior, las hojas no llegan a juntarse del todo. Es una variedad muy tierna y apreciada. Su producción se concentra en la zona media del Ebro, así como en Cataluña, Levante y Andalucía.

La alcachofa carece prácticamente de grasas, sólo un 0,12% y, al igual que el resto de las verduras, contiene cantidades pequeñas de hidratos de carbono 2,90% y proteínas 2,40%, aunque éstas sean mayores a las cantidades aportadas por la mayoría de ellas. Por esta razón, su aporte calórico es bajo 21,56 kcal/100 g.

Destaca la presencia de inulina, un oligosacárido derivado de la sacarosa (hidrato de carbono) que se metaboliza lentamente en el organismo manteniendo niveles normales de glucosa en sangre.

Además, la alcachofa es rica en fibra, necesaria para la regulación del tránsito intestinal entre otras muchas funciones, y aporta minerales como el fósforo, hierro, magnesio, calcio y potasio.

100 gramos de alcachofas cubren aproximadamente el 16% de las ingestas diarias recomendadas de fósforo, un 10% de las del hierro y el 8% de las recomendadas para el magnesio.

Entre las vitaminas, destaca la presencia de vitamina B1, niacina y vitamina C. Sin embargo, lo más destacable es la presencia de una serie de sustancias que se encuentran en pequeña cantidad, pero que están dotadas de beneficiosos efectos como son:

La cinarina, sustancia responsable de su sabor ligeramente amargo, capaz de estimular la producción y secreción de bilis y la excreción de orina (acción diurética).

El cinarósido, que es un flavonoide con acción antiinflamatoria.

Los fitoesteroles, compuestos vegetales semejantes estructuralmente a la molécula de colesterol, pero con capacidad para limitar la absorción del colesterol de la dieta en el intestino.

Por su composición, la alcachofa no es sólo un alimento que aporta nutrientes sino que se revela como eficaz protector de la salud. Su bajo contenido calórico y alta proporción de agua y fibra la convierte en un recurso excelente de las dietas de adelgazamiento. A su vez, su contenido de fibra, vitamina C y flavonoides antioxidantes ayuda a prevenir del riesgo de cáncer y patologías cardiovasculares.

Es muy destacable el efecto protector que ejerce la cinarina sobre el sistema digestivo y, en particular, sobre el funcionamiento hepático biliar. La cinarina logra aumentar la producción de bilis necesaria para la digestión de las grasas. Por esto, la alcachofa facilita las digestiones pesadas. Además, la cinarina ejerce un efecto positivo sobre el riñón, aumentando la producción de orina, evitando la favoreciendo la eliminación de toxinas, de ahí su fama como depurativa.

Además, la insulina presente en la alcachofa, aparte de tener las propiedades clásicas de las fibras alimentarias para regular el tránsito intestinal, contribuye a la mejor absorción del calcio, a la estimulación de las defensas naturales de la flora intestinal (efecto bífidus) y a reducir el colesterol y los niveles de azúcar en sangre, lo que convierte a la alcachofa en un alimento muy aconsejado en la dieta de los diabéticos.

Todas estas propiedades convierten a la alcachofa en prototipo de alimento aliado de la salud. No obstante, las mujeres durante la lactancia deben moderar su consumo porque modifica el gusto de la leche materna.

Un consejo muy útil para evitar que se ennegrezcan las alcachofas antes de cocerlas o de freírlas, es ponerlas en un recipiente con agua fría y el zumo de medio limón, para evitar que la acidez enmascare su sabor natural.

Cuando se vayan a cocer las alcachofas en agua, hay que evitar las cazuelas de hierro y de aluminio porque le confieren un desagradable color oscuro, alterando también sus propiedades.

Cocidas al vapor o con poco agua, además de sabrosas, conservan mejor sus vitaminas.

Así que, ya sabéis, para mantener la línea, a comer alcachofas.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *